México es el país más violento para las defensoras de derechos humanos en Mesoamérica. De 2013 a 2016, es decir, durante el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, ocurrieron 1 mil 360 agresiones contra defensoras, en promedio, una cada día. Esta cifra es mayor a la registrada en Honduras, Guatemala y El Salvador para el mismo periodo: 1 mil nueve, 738 y 173, respectivamente.

En el marco de la Campaña de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, las integrantes de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en México (RNDDHM)[1] y de la Red de Mujeres Activistas y Defensoras de Derechos Humanos de Oaxaca condenamos enérgicamente estas violencias. Más aún, al constatar que nuestros principales agresores son servidores públicos, principalmente policías, quienes, paradójicamente, tienen el deber de salvaguardar nuestra integridad y derechos.

No llena de rabia verificar que lejos de cesar, las violencias contra nosotras se incrementan. En el primer año del mandato de Peña Nieto se cometieron 189 agresiones contra defensoras, que se triplicaron en 2016, al alcanzar los 550 casos. Durante el periodo de gobierno de Enrique Peña Nieto, en el estado de Oaxaca fueron registrados 783 agresiones, el 58% del total a nivel nacional.

No hay duda: nuestras luchas, diversas y poderosas, en beneficio de las personas que habitamos el planeta, primordialmente de quienes estamos en situación de marginación y/o desigualdad, son constantemente acechadas. Y nosotras, tejedoras de un mundo otro y posible, somos violentadas en un intento de inhibir nuestro poder trasformador.

Si a este torbellino de terror agregamos que 22 de nuestras compañeras defensoras han sido asesinadas en lo que va del actual sexenio y 22 más han padecido intentos de asesinato, parece que no hay esperanza. Pero sí la hay. Nuestro andar no cesa. Nos acuerpamos en medio del caos: #NosDefendemosJuntas #ConstruimosPoderColectivo.

Hoy 29 de noviembre, Día Internacional de las Defensoras de Derechos Humanos, las defensoras de México tomamos el espacio público para denunciar y repudiar las violencias que vivimos como consecuencia de nuestra labor y por nuestra condición de género, incluidas las que provienen de nuestras organizaciones, comunidades y del movimiento social porque desafiamos las leyes del patriarcado.

Se trata de violencias que en el 35 por ciento de los casos registrados entre 2013 y 2016, tienen claros elementos de discriminación por motivos del género. Por ejemplo: amenazas de violación sexual, campañas de difamación y desprestigio con lenguaje sexista y machista, amenazas de atentar contra nuestras hijas/os y hostigamiento en redes sociales vía mensajes o imágenes con connotación sexual. En el caso de Oaxaca, dichos ataques han sido particularmente frecuentes en contextos comunitarios donde se utilizan redes sociales para difamar a las defensoras con información falsa sobre su vida privada, involucrando a menudo fotos o fotomontajes.

Elegimos el Día Internacional de las Defensoras de Derechos Humanos para honrar también a nuestras 22 compañeras asesinadas[5] con el objetivo de paralizar sus luchas. Pero como la muerte viene acompañada de vida, su conciencia y fortaleza es nuestro legado. Ellas viven. Sus luchas se mantienen. Sus profundas raíces nos sujetan. En Oaxaca si bien no se han registrado asesinatos de defensoras en el sexenio en curso, los intentos de asesinato, detenciones arbitrarias y casos de tortura han ido en aumento y han permanecido en la impunidad.

En enero pasado, en su Informe de cierre de misión, Michel Forst, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la situación de las Personas Defensoras de los Derechos Humanos, se refirió a las defensoras mexicanas como las mujeres que “están a la vanguardia de las batallas por los derechos humanos, aunque su trabajo pueda permanecer invisible”. Asimismo, reconoció públicamente la importancia de nuestro trabajo en red, el cual, dijo, “ha sido crucial para ayudar a las mujeres a romper el círculo de la violencia y la estigmatización y ha ofrecido muchas oportunidades de autoprotección y fomento a la creación de capacidades”.

Las mujeres defensoras de México confiamos en nosotras, en nuestras capacidades y poder, y en nuestras propias estrategias y mecanismos de protección. Esa es nuestra gran apuesta.

Al Estado mexicano le demandamos que cumpla con su deber de garantizar nuestro de derecho a defender derechos en condiciones de igualdad, seguridad y dignidad: #ProtecciónYa. Mejor dicho, le exigimos que deje de violentarnos, ya que, de acuerdo con el Registro Mesoamericano de Agresiones a Mujeres Defensoras de Derechos Humanos[6], en el sexenio actual, 631 agentes del Estado nos agredieron.

Alertamos al Gobierno de Oaxaca frente a las cifras alarmantes en el estado, condenamos la nula respuesta a las mujeres defensoras beneficiarias de medidas cautelares y exigimos que se tomen medidas urgentes para garantizar nuestra protección y revertir la impunidad.